"Cheapflation”: Lo barato sube de precios no sólo en Argentina sino en el mundo
- productoracontenid
- 20 nov 2024
- 2 Min. de lectura
La aceleración de la inflación internacional en alimentos está generando un impacto significativo en los productos básicos, afectando de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables. En Argentina, la inflación interanual en alimentos supera el 200%, mientras que un fenómeno conocido como cheapflation, caracterizado por un aumento más acelerado en los precios de los productos más económicos en comparación con los más caros, se posiciona como una tendencia global.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los alimentos han acumulado un alza inflacionaria del 22,43% desde 2020, impulsada por factores climáticos adversos, conflictos internacionales como la guerra en Ucrania, y la crisis económica tras la pandemia de Covid-19. Productos como el azúcar, que acumula un aumento del 58,26%, y los aceites vegetales, con un 31,61%, lideran las subas debido a problemas de producción en países clave como Brasil y el sudeste asiático.
En Argentina, la cheapflation ha generado un deterioro en la calidad de los alimentos. Muchas empresas han optado por sustituir materias primas por otras más económicas, afectando el valor nutricional de los productos. A pesar de estrategias comerciales como descuentos o promociones, estas no suelen beneficiar a los sectores más vulnerables, quienes realizan compras pequeñas y frecuentes en almacenes locales debido a la falta de recursos para adquisiciones mayores o traslados a hipermercados.
Este fenómeno también ha reducido la brecha de precios entre primeras y segundas marcas, a tal punto que, con descuentos aplicados, los productos de alta gama pueden llegar a ser más accesibles en comparación con alternativas de menor calidad. Sin embargo, estas estrategias no resuelven el problema de fondo: la imposibilidad de acceso para una gran parte de la población.
Mientras tanto, patrones de consumo reflejan un cambio hacia alimentos más baratos y calóricos, como pastas y arroz, en detrimento de productos como la carne, cuyo consumo ha disminuido a pesar de registrar aumentos menores en el último año. Este comportamiento, vinculado al conocido efecto Giffen, resalta la complejidad de las decisiones de compra en contextos de alta inflación y bajos ingresos.
La cheapflation evidencia cómo la inflación no solo erosiona el poder adquisitivo, sino que también redefine hábitos de consumo, deteriora la calidad de los alimentos y profundiza las desigualdades sociales. Abordar este desafío requiere una acción coordinada entre empresas, consumidores y organismos reguladores para garantizar transparencia y accesibilidad en un entorno económico cada vez más desafiante.
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